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Tengo miedo a perder la maravilla
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pensa de ser en esta
orilla
tronco sin ramas y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto
mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado. |
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El poeta dice la verdad
Quiero llorar mi pena y te
lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un atardecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.
Quiero matar al único testigo
para el asesinato de las flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.
Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja;
que lo que no me des y no te
pida
será la muerte que no deja
ni sombra por la carne estremecida. |
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Deseo
Sólo tu corazón caliente,
y nada más.
Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.
Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo de miradas rotas.
Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente,
nada más. |
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El poeta pide a su amor que le
escriba
Amor de mis entrañas, viva
muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
Ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura. |