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Moscú se pone de fiesta
(Moscú) (EFE).- La capital rusa se puso este miércoles de fiesta para acoger la primera final puramente inglesa de la Liga de Campeones en la que se medirán el Manchester United y el Chelsea en el principal escenario deportivo de Rusia: el estadio olímpico Luzhnikí.

Varias horas antes de partido miles de seguidores de ambos equipos ingleses recorrían las calles de la ciudad, alterando con cánticos y vivas a sus ídolos la apacibilidad de una tarde lluviosa y fresca, más propia de las Islas Britanicas que de una Moscú primaveral.

"¡Viva Ronaldo! ¡Viva Ronaldo!", gritaba alegremente un coro de hinchas del Manchester en un vagón del metro arrancando sonrisas de los pasajeros más jóvenes, sobre todo de las chicas, mientras los mayores movían la cabeza en señal de reprobación.

Ya varias horas antes del comienzo del partido la policía prácticamente tomó las estaciones del metro de la capital rusa en prevención de posibles enfrentamientos entre los hinchas de ambos equipos, en un número próximo a los 50.000 llegaron a Moscú.

Un detalle: los efectivos de la policía moscovita vistieron hoy camisa blanca, reservada sólo para fiestas oficiales y grandes ocasiones.

En total, el Ayuntamiento de Moscú movilizó a más de 6.000 policías y efectivos del ministerio del Interior para garantizar el orden público durante la final de la mayor competición continental de clubes.

Las medidas preventivas han surtido efecto: según la Policía moscovita, que informó de que la víspera no se produjo ningún incidente entre los hinchas del Manchester y el Chelsea, ni tampoco con los hinchas rusos, cuyas asociaciones anunciaron un "armisticio" de cara a la final de la Liga de Campeones.

Sin embargo, los medios locales informaron de algunas peleas junto a cervecerías, en todo caso, incidentes aislados y de ínfima envergadura comparado con los que se producen los días en se juegan partidos de la liga rusa.

Como en las grandes ocasiones deportivas, aquellos que no reservaron lugar con tiempo en los pubs moscovitas ante la imposibilidad de conseguir una entrada para la final en Luzhnikí tendrá que contentarse con ver el partido por televisión en casa: en todas las cervecería se puede ver el cartel de "No hay sitio".

La decisión de las autoridades moscovitas de prohibir la venta de cerveza en las tiendas y supermercados situados en las proximidades del estadio levantó quejas entre los aficionados ingleses habituados a beberse unas jarras antes y después de cada partido.

Aunque el servicio meteorológico de Moscú anunció para hoy entre 23 y 25 grados centígrados, el pronóstico no se cumplió y la temperatura no superó en ningún momento los 20 grados.

En los que no se equivocaron los meteorólogos fue en su previsión de lluvia intermitente, que desde la mañana cayó sobre Moscú y que hizo sentir los hinchas ingleses como si nunca hubiesen abandonado las Islas Británicas.

"Todo está perfectamente. Hasta el tiempo mejorará para cuando comience el partido", dijo a Efe el jefe del comité organizador de la final, Alexéi Sorokin, quien en persona supervisaba los últimos detalles sobre el terreno.

Los empleados encargados del cuidado del césped hasta última hora repasaron los claros del campo, cuyo estado suscitó cierta preocupación en la UEFA, aunque como según declaró su presidente, Michel Platini, no afectará el desarrollo del partido.

Los efectivos antidisturbios tampoco perdían el tiempo antes de que los aficionados comenzaran a colmar las gradas del estadio olímpico Luzhnikí: ensayaron una carga junto a la portería sur, junto a la tribuna que los organizadores destinaron a los seguidores del Chelsea.

Dos horas antes del comienzo de partido los hinchas del club londinenses rompieron las "hostilidades" con sus cánticos de guerra que fueron replicados de inmediato desde la tribuna norte por los seguidores del Manchester, en un adelanto de lo que será el ambiente del partido.

Por Bernardo Suárez Indart (EFE)