Historia
en Blanco y Negro
La
fiesta tiene un origen cultural indígena que a la vez
se mezcla con
expresiones
españolas y africanas dando lugar a una gran manifestación
de danzas, música y celebraciones religiosas ricas
en tradiciones.
Estas manifestaciones
de origen milenario narran mitos y leyendas fundamentales
en el devenir de la vida de los pueblos andinos y expresadas
por las cuadrillas de danzantes vestidos con atuendos de colores
vistosos y guíados por el "NEGRO" quien representaba
y representa al cacique, personaje principal de la fiesta
andina y quien se caracteriza por llevar su rostro pintado
de igual color, tradición introducida por los españoles
en la época colonial para facilitar la evangelización.
La cultura hispana aporta instrumentos musicales como la chirimía,
así como las bases en el desarrollo del teatro regional,
mediante la representación de los autos sacramentales,
escenas y pastorales, que conjugarían hasta originar
la aparición de los “carros alegóricos” o carrozas,
máxima expresión del arte popular y del Carnaval
de Pasto.
Negro
El juego de negros
se origina en la colonia cuando el personaje del “NEGRO” pinta
a quien lo observa bailar para convertirlo como igual. La
pinta invita a “jugar”, a “danzar, a ser todos iguales en
al fiesta.
El Juego de blancos
nace a principio del siglo XX, cuando un grupo de personas
en la madrugada del 6 de enero “juega” a ponerle polvos a
quienes cruzaban la calle, después de una noche de
celebración durante los regocijos públicos tradicionales
de la ciudad.
Las
fiestas reales que se celebraban en la colonia, presentaron
fechas móviles, al comienzo, luego se fijaron durante
el mes de Enero, como antecedente. Luego en la época
de la república se llamaron fiestas públicas.
En Pasto, por el año de 1810, se celebran en forma
animosa el “día de Inocentes”
Blanco
El juego de los
“Negritos” construye un espacio para continuar la celebración.
En este contexto aparece “el día de los blanquitos”,
el 6 de enero como una réplica del 5 de enero, y como
una expresión necesaria de la fiesta y de sus nuevos
protagonistas.
Ya en los principios
de siglo se encuentra esta festividad registrada en las anécdotas
de la época, donde se jugaba a “los negritos y blanquitos”,
o al “ 5 y 6” . Los artesanos comenzaron a participar en 1926
con las carrozas o autos alegóricos del carnaval, donde
plasmaban todo su ingenio y capacidad de trabajo manual en
pequeñas esculturas de papel, colocadas sobre autos
de la época. Actividad que pasará a convertirse
con el tiempo en el centro de una expresión cargada
de gran significación social.
El
carnaval de negros y blancos, es un carnaval de epifanía,
con una fuerte relación con la natividad y la fiesta
de la inmaculada concepción, todas fiestas de origen
religioso, introducidas por los españoles y que se
van mestizando con las manifestaciones culturales indígenas
como la danza, la música, la plástica, entre
otras.
Las
puertas de la gran rumba se abren el 2 de enero y se cierran
4 días después.
Antes de poner en marcha toda las celebraciones se programa
la festividad de los inocentes (28 de diciembre) una especie
de purificación de los espíritus, que se complementa
con el desfile de años viejos pocas horas antes de
las 12 de la noche del 31 de diciembre. Es una manera simbólica
de enterrar el año, en medio de alegría y esperanza.
Ya
con nuevos aires y plenamente renovados el espíritu
de los pastusos expresa alegría el 2 de enero, cuando
sus habitantes se colocan sus mejores galas para venerar a
la Virgen de las Mercedes, la patrona de tierras nariñenses,
que da su beneplácito para la apertura de la fiesta.
Para el 3 de enero
el Alcalde de la ciudad entrega los bastones de mando a los
corregidores indígenas. Ellos acompañan las
bandas y cortejos populares. De esta manera, se da vida a
“el carnavalito”, que permite a los niños y niñas
unirse a una tradición que cumple 78 años.
Esta expresión
ha tomado fuerza en la última década, con la
que se da la bienvenida a la familia Castañeda que
arriba a la ciudad de Pasto con hijos, abuelos, cabalgaduras,
trastos y animales domésticos entre otros. A esta altura,
aparece un personaje muy particular: Pericles Carnaval, quien
lee un bando y asume el control de la ciudad.
“Decreta el cese de las hostilidades cotidianas, del aburrimiento
y la tristeza y desata la memoria colectiva para que desfilen
las estampas típicas, donde se entreveran cuadros del
recuerdo con sones sureños, tonadas campesinos y desplazamientos
coreográficos”, dice Alejandra Pantoja Directora de
la Oficina del Carnaval.
Lo que sorprende
a propios y extraños, es que el 5 de enero, en cualquier
calle de la capital de Nariño, aparecen de la nada
hombres y mujeres con el rostro pintado, en una zona de población
tradicionalmente, blanca.
Es un momento mágico.
La gente se confunde en un solo conglomerado humano, donde
la música retumba por todas partes y el baile hace
parte de cada uno de los cuerpos, que parecen tener en la
noche, a su mejor aliado.
Ya al entrar el
6 de enero, el escenario se torna blanco. Hace aparición
el talco, los colores y las serpentinas. Desde muy temprano
los nariñenses y visitantes salen a la calle para ser
testigos del carnaval, con prevalencia de majestuosas Carrozas,
Murgas y Comparsas.
En
una palabra ,es una fiesta de puestas abiertas, donde las
clases sociales se rompen, la autoridad la asume la cultura
y la fiesta se extiende hasta bien
entrada
la madrugada, cuando los ciudadanos retornan a sus hogares,
añorando que pasen 365 días para otro Carnaval,
al igual o mejor que el que han tenido la oportunidad de disfrutar.
Lo cierto es, que
el Carnaval de Negros y Blancos se ha convertido en el siglo
XXI en una terapia individual y social que libera a la población
del peso de lo cotidiano y rompe las reglas establecidas,
al punto de expresa una variedad de sentimientos de la amistad,
el perdón y el amor.
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