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DICIEMBRE - ENERO
"COLOMBIA DE FIESTA"
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Historia en Blanco y Negro

La fiesta tiene un origen cultural indígena que a la vez se mezcla con

expresiones españolas y africanas dando lugar a una gran manifestación de danzas, música y celebraciones religiosas ricas en tradiciones.

Estas manifestaciones de origen milenario narran mitos y leyendas fundamentales en el devenir de la vida de los pueblos andinos y expresadas por las cuadrillas de danzantes vestidos con atuendos de colores vistosos y guíados por el "NEGRO" quien representaba y representa al cacique, personaje principal de la fiesta andina y quien se caracteriza por llevar su rostro pintado de igual color, tradición introducida por los españoles en la época colonial para facilitar la evangelización.

La cultura hispana aporta instrumentos musicales como la chirimía, así como las bases en el desarrollo del teatro regional, mediante la representación de los autos sacramentales, escenas y pastorales, que conjugarían hasta originar la aparición de los “carros alegóricos” o carrozas, máxima expresión del arte popular y del Carnaval de Pasto.

Negro

El juego de negros se origina en la colonia cuando el personaje del “NEGRO” pinta a quien lo observa bailar para convertirlo como igual. La pinta invita a “jugar”, a “danzar, a ser todos iguales en al fiesta.

El Juego de blancos nace a principio del siglo XX, cuando un grupo de personas en la madrugada del 6 de enero “juega” a ponerle polvos a quienes cruzaban la calle, después de una noche de celebración durante los regocijos públicos tradicionales de la ciudad.

Las fiestas reales que se celebraban en la colonia, presentaron fechas móviles, al comienzo, luego se fijaron durante el mes de Enero, como antecedente. Luego en la época de la república se llamaron fiestas públicas. En Pasto, por el año de 1810, se celebran en forma animosa el “día de Inocentes”

Blanco

El juego de los “Negritos” construye un espacio para continuar la celebración. En este contexto aparece “el día de los blanquitos”, el 6 de enero como una réplica del 5 de enero, y como una expresión necesaria de la fiesta y de sus nuevos protagonistas.

Ya en los principios de siglo se encuentra esta festividad registrada en las anécdotas de la época, donde se jugaba a “los negritos y blanquitos”, o al “ 5 y 6” . Los artesanos comenzaron a participar en 1926 con las carrozas o autos alegóricos del carnaval, donde plasmaban todo su ingenio y capacidad de trabajo manual en pequeñas esculturas de papel, colocadas sobre autos de la época. Actividad que pasará a convertirse con el tiempo en el centro de una expresión cargada de gran significación social.

El carnaval de negros y blancos, es un carnaval de epifanía, con una fuerte relación con la natividad y la fiesta de la inmaculada concepción, todas fiestas de origen religioso, introducidas por los españoles y que se van mestizando con las manifestaciones culturales indígenas como la danza, la música, la plástica, entre otras.

Las puertas de la gran rumba se abren el 2 de enero y se cierran 4 días después.

Antes de poner en marcha toda las celebraciones se programa la festividad de los inocentes (28 de diciembre) una especie de purificación de los espíritus, que se complementa con el desfile de años viejos pocas horas antes de las 12 de la noche del 31 de diciembre. Es una manera simbólica de enterrar el año, en medio de alegría y esperanza.

Ya con nuevos aires y plenamente renovados el espíritu de los pastusos expresa alegría el 2 de enero, cuando sus habitantes se colocan sus mejores galas para venerar a la Virgen de las Mercedes, la patrona de tierras nariñenses, que da su beneplácito para la apertura de la fiesta.

Para el 3 de enero el Alcalde de la ciudad entrega los bastones de mando a los corregidores indígenas. Ellos acompañan las bandas y cortejos populares. De esta manera, se da vida a “el carnavalito”, que permite a los niños y niñas unirse a una tradición que cumple 78 años.

Esta expresión ha tomado fuerza en la última década, con la que se da la bienvenida a la familia Castañeda que arriba a la ciudad de Pasto con hijos, abuelos, cabalgaduras, trastos y animales domésticos entre otros. A esta altura, aparece un personaje muy particular: Pericles Carnaval, quien lee un bando y asume el control de la ciudad.

“Decreta el cese de las hostilidades cotidianas, del aburrimiento y la tristeza y desata la memoria colectiva para que desfilen las estampas típicas, donde se entreveran cuadros del recuerdo con sones sureños, tonadas campesinos y desplazamientos coreográficos”, dice Alejandra Pantoja Directora de la Oficina del Carnaval.

Lo que sorprende a propios y extraños, es que el 5 de enero, en cualquier calle de la capital de Nariño, aparecen de la nada hombres y mujeres con el rostro pintado, en una zona de población tradicionalmente, blanca.

Es un momento mágico. La gente se confunde en un solo conglomerado humano, donde la música retumba por todas partes y el baile hace parte de cada uno de los cuerpos, que parecen tener en la noche, a su mejor aliado.

Ya al entrar el 6 de enero, el escenario se torna blanco. Hace aparición el talco, los colores y las serpentinas. Desde muy temprano los nariñenses y visitantes salen a la calle para ser testigos del carnaval, con prevalencia de majestuosas Carrozas, Murgas y Comparsas.

En una palabra ,es una fiesta de puestas abiertas, donde las clases sociales se rompen, la autoridad la asume la cultura y la fiesta se extiende hasta bien

entrada la madrugada, cuando los ciudadanos retornan a sus hogares, añorando que pasen 365 días para otro Carnaval, al igual o mejor que el que han tenido la oportunidad de disfrutar.

Lo cierto es, que el Carnaval de Negros y Blancos se ha convertido en el siglo XXI en una terapia individual y social que libera a la población del peso de lo cotidiano y rompe las reglas establecidas, al punto de expresa una variedad de sentimientos de la amistad, el perdón y el amor.

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